La fiesta del Día de la Constitución, que es hoy, conmemora la aprobación en referéndum nacional (hasta los catalanes la votaron) de nuestra Carta Magna el año 1978, pero yo supongo que se escogió esta fecha por su proximidad a la Navidad, a fin de solemnizarla más todavía, sacralizarla por así decir, y conferirle por contagio cierto entrañable toque navideño, pues cualquier cosa que se celebre en diciembre, entre luces, anuncios de perfume y gigantescos árboles engalanados, por fuerza tendrá que ser un poco navideña y benevolente. Y parece que el ardid festivo ha funcionado, pues más de 45 años después, ya estamos otra vez celebrándola, y ni me acuerdo de cuántas veces habré tenido yo que comentar la Constitución en esta misma fecha. Por supuesto, hace tiempo que no me quedan comentarios, por lo que tendré que recurrir a las divagaciones. No importa, sé divagar bastante bien, y la divagación, incluso frívola, es perfectamente constitucional. Empecemos por el principio. En un país cuya oposición de derechas, política y mediática, insiste a diario en que tenemos un Gobierno ilegal, golpista y mafioso, cuyo presidente corrupto que debería estar ya en la cárcel es un déspota venezolano al que apoyan terroristas de ETA, y que se niega desde su investidura a convocar nuevas elecciones adelantadas, lo asombroso es que todavía tengamos una Constitución democrática. Que esté durando tanto. Con ella nadie se mete, tal vez por ese espíritu navideño al que nos referimos, aunque sí con el Tribunal Constitucional, del que discrepa agresivamente esa parte de la judicatura que se manifestó contra la Ley de amnistía incluso antes de que el Congreso la votase. ¿Podría ser que el Tribunal Constitucional fuese también inconstitucional, además de independentista catalán? Pues no me extrañaría, sobre todo si como parece la legislación europea acepta dicha amnistía, y el TC la confirma. No quiero ni pensar la que montarán si el fugitivo Puigdemont se pasea muy ufano por Barcelona exhibiendo el flequillo, que un juez ya declaró terrorista. Pero estoy divagando, y se me ha ido la divagación de las manos. Tenemos Constitución democrática, y hoy se celebra ese milagro navideño.
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