Lo que más me suele gustar de la Navidad es, paradójicamente, todo lo que pasa antes de la Navidad, empezando casi por la noche de Halloween. A partir de esa fecha, poco a poco comienzan a sucederse ya el encendido de las luces, el ‘black friday’, los mercadillos, los días fríos y soleados -o lluviosos-, los villancicos en las calles, los belenes en los interiores y el puente de la Constitución. Además, en la finca en donde vivo, mis queridos vecinos adornan cada año con motivos navideños la entrada y las escaleras, que es algo que me agrada y me ilusiona muy especialmente. Por una razón o por otra, cuando miramos a nuestro alrededor en el día a día, percibimos en muchos palmesanos una intensidad y una pasión casi desconocidas durante el resto del año. Hasta las mujeres fatales parecen en esas fechas mucho más fatales que nunca. Pero a partir de mediados de diciembre, no sé bien por qué, los días parecen acelerarse y pasar mucho más deprisa de lo habitual, cuando lo que nosotros querríamos sería, en cambio, que ocurriese justo lo contrario. En un abrir y cerrar de ojos, la Nochebuena y la Nochevieja llegan y se van como una exhalación. Así que sin apenas darnos cuenta, nos despertamos de repente una mañana y vemos que es ya el 6 de enero, lo que suele inundarnos casi siempre de una profunda melancolía, aunque los Reyes Magos se hayan portado más o menos bien con nosotros o las vampiresas se hayan portado más o menos mal. Por suerte, en Palma tenemos siempre un maravilloso ‘bonus track’ fijo: las fiestas de Sant Antoni y las de Sant Sebastià.
Sin comentarios
No hay ningún comentario por el momento.
Lo más visto
Xavier Florit Alemany, el menorquín de Inditex que diseña nuevas colecciones para Oysho
Un menorquín de 45 años fallece mientras se hallaba de vacaciones en la capital de Tailandia
Final feliz para los 50 perritos rescatados en una finca de Palma
Una juez investiga un posible homicidio imprudente por negligencia médica en Alaior