29-XI- 25 sábado
Hace décadas (de todo hace mil años, snif) un reciente exministro de la joven democracia me reveló un aspecto aún más inquietante de la corrupción que, según su valioso testimonio, sería un fenómeno transversal a todos los partidos, dando a entender que habría alguna siniestra trama interpartidista que actuaría de forma coordinada. Me quedé «ojiplático», que se dice ahora…
30-XI-25 domingo
Magnífico reportaje de «Es Diari» sobre la familia Casero. En mi acervo personal figura una imagen icónica, la suya, en plenas fiestas de Maó, llevando a hombros a su hija Sara, a corderetas, como dicen en Zaragoza, mientras la policía nacional -sí, los grises-, propiciaba una intimidatoria incursión, porras en alto, en una plaza de la Constitución poco habituada a estos alardes predemocráticos (creo estar hablando de antes de 1975 en una manifestación, si mi memoria no me engaña, contra la entonces proyectada urbanización de la Albufera des Grau).
Casualmente hoy aparece en «El País Semanal» una entrevista al mítico director de cine griego, aunque de cultura francesa, Costa-Gavras, hombre diáfanamente de izquierdas, quien explica su salida del partido comunista francés acompañado por dos distinguidos militantes como el actor Yves Montand o el escritor hispano francés y exministro de Cultura con Felipe González, Jorge Semprún.
En la entrevista le preguntan si a sus más de noventa años sigue teniendo el corazón a la izquierda:
«Sigue ahí dentro, dice el cineasta, un poco escorado a la izquierda, pero no muy lejos del centro. Y le llega sangre de todo el cuerpo. Mire, a mí me gusta escuchar a todo el mundo, sopesar las opiniones de unos y otros y tomar mis propias decisiones...
...La izquierda me ha decepcionado, concluye, aunque hay un activismo progresista con el que sigo simpatizando, sobre todo con los que se comprometen contra el cambio climático, contra el racismo, contra el populismo identitario, a favor de una cierta equidad...».
También a sus ochenta y pico, Toni Casero aún tiene muchas cosas que decir desde su perspectiva escrupulosamente democrática de activista cultural de izquierdas, en un mundo de postverdades (la verdad auténtica es un valor en desuso), fake news, periodistas que no se sienten notarios y por tanto pueden mentir clamorosamente ante el jolgorio de su hinchada…
3-XII-25 miércoles
Me despierto, inquieto, a una hora más temprana de lo habitual. Y es que los jubilados tenemos estas cosas, cualquier expectativa que nos rompa la rutina de un día igual a otro nos tiene en un sinvivir que va creciendo al ritmo de la complejidad del envite. El de hoy parece sencillo, solo renovar el carné de identidad (lo escribo en cursiva porque en mi caso va a ser un trámite diferente que en ocasiones precedentes).
Llego a la oficina policial, y la cosa no empieza bien; el amable policía me solicita una fotografía...
- ¿Fotogra...? -carraspeo. Yo creía que la hacían ustedes. Así fue en mi última renovación.
- Eso era antes, pero no se preocupe, vaya a tomar un café y muy cerca encontrará un locutorio: a las nueve abren. ¡Ah! Y que le den dinero en papel, lo de las monedas es un atraso.
- ¡Glups!
El locutorio, digamos que peculiar, también ofrece síntomas inquietantes: entre cajones de refrescos y en un habitáculo un tanto agobiante, una joven y atribulada musulmana lucha afanosamente con una maquinita que se niega a acatar sus órdenes. Que no, que no sale la impresión solicitada. Bueno, la mía finalmente sí, ha habido suerte.
Sentado ahora ante una joven policía (si a ellos los llaman ‘efectivos’, ellas serán ‘efectivas’, pienso para entretenerme, mientras la joven funcionaria mira y remira la fotografía...
Malament, me digo.
- Está descentrada, me anuncian. Ay, ay, ay...
Bueno, para acortar: salvífica intervención de una compañera veterana, retoque por aquí, otro por allá y asunto solucionado (centrado). Entre unas cosas y otras, una horita, tampoco es tanto en la vida de un jubilado... Al fin y al cabo, tengo el deseado carné en mis manos, lo repaso, y detecto un error grosero: la fecha de caducidad me la asignan al 01/ 01/ 9999.
-Oiga, agente, me parece que se ha cometido un error en la fecha de...
- No es ningún error. A su edad ya no hace falta que vuelva…
Me levanto de la silla y me encamino, tambaleante, a la salida. Ha sido un golpe duro. No sé si reír o llorar.