E sabido que conseguir «mercados en competencia» es un valor muy apreciado por la mayoría de los economistas. Intentamos erradicar «prácticas restrictivas de la competencia»; para ello nos hemos dotado de distintos instrumentos como las leyes antitrust en EEUU y de Defensa de la Competencia en la UE, cuya comisaria es la VP española Teresa Ribera.
A todos nos interesa que los mercados puedan manifestarse en libre competencia, lo que ayuda a tener precios mejores para los consumidores y evitar concentraciones de poder.
Es cierto que existen ciertos mercados, como los de los bienes públicos, en los que la idea de los mercados competitivos no funciona: seguridad, salud, I+D, vivienda…
A tenor de esta discusión hoy les voy a traer tres ejemplos de casos de actualidad y de fuerte impacto social.
EL PRIMERO, es la OPA del BBVA sobre Banco Sabadell. Tenemos el resultado: los accionistas han rechazado de manera abrumadora la propuesta, previo análisis de la CNMC, de las condiciones del Gobierno en base al «interés general» y de la dinámica de la sociedad civil, junto a la mala gestión del BBVA. Han sido 16 meses de intensas polémicas en las que han participado, diría, toda la sociedad organizada que ha permitido la confrontación de distintos puntos de vista en una colectividad informada; elementos clásicos como el precio de la oferta, la concentración bancaria en ciertas zonas, el arraigo, el papel de las autoridades, han estado muy presentes.
Los otros dos casos son de enorme actualidad, todavía están en discusión. A la Warner Bros Discovery, la famosa productora de Hollywood, precursora de la televisión premium con series como «Los Soprano» o «The Wire», aparte de su catálogo histórico, se le han acercado dos grandes competidoras, Netflix y Paramount Skydance, con afán de comprarla, ofreciendo cifras de aproximadamente 100.000M$, para perímetros distintos. Estamos hablando de cuotas de pantalla actuales de un 8 por ciento para poder llegar al 10 por ciento aproximadamente, lo que les situaría en 3er lugar detrás de You Tube (es otro tipo de negocio) y Walt Disney (11 por ciento). Aunque repito, el valor no es sólo las cuotas de mercado.
Warner Bro, la «abuela» de los nuevos competidores en streaming, que continúa ganando dinero en algunas divisiones arrastra una fuerte deuda producto de la compra apalancada de ATT, y lleva tiempo buscando un comprador.
Las dos ofertas son de difícil comparación, con lo que el precio no es significativo; son tipos de negocio distintos. Warner prefiere la de Netflix, con la que ha firmado un acuerdo y resistir favorablemente el escrutinio de las entidades reguladoras.
Pero Paramount, que cuenta con inversores de los Estados Árabes y de alguna compañía china, goza del favor de la actual administración americana, explicitado por el presidente. Además de plantear serios problemas de integración vertical entre estudios, canales de TV y plataformas en streaming. En definitiva, existe serio peligro de restringir el pluralismo político e incrementar el dominio de poder.
No se trata, en consecuencia, de conseguir mayores cuotas de mercado sino de control de ciertos segmentos, todo ello trufado por juegos de poder político.
EL SEGUNDO caso nos afecta más de cerca geográficamente y emocionalmente. La familia Agnelli, propietaria de la «República» y de «La Stampa», parece que ha llegado a un acuerdo para vender estas cabeceras además de tres emisoras de radio al empresario griego Theodore Kiriakou, por 140M€. Es sabido que es muy difícil rentabilizar la prensa de papel; según «El País» (16.12.2025) «La República», con tres millones de usuarios únicos, y con unas 50.000 copias, se inscribe entre los medios de comunicación llamados progresistas y liberales. Los dos son 2º y 3º en ventas.
Además de que la clase política, que ha dado soporte a los periodistas, estos reclaman la «cláusula social de salvaguardia», con garantías de empleo, de línea editorial y otros compromisos. Se da la circunstancia especial de que se trata de medios de comunicación, críticos con el poder político, que actúan de contrafuerte democrático de control, con lo que el Gobierno italiano deberá, se espera, arbitrar algún tipo de decisión, con conflictos de interés evidentes.
También aquí la concentración empresarial o las cuotas de mercado -hay que añadir el negocio de las emisoras de radio que permite la integración vertical y es más rentable- no es el elemento capital.
Dos casos distintos -con medios de comunicación involucrados- que exceden de las reglas de mercados en competencia. Donde juegan factores como la libertad de expresión, difícilmente inscribirla en coordenadas empresariales. En Italia juega mayormente el interés general -también en banca en España- que en EEUU donde hay una lucha por el poder empresarial, que se confunde con el poder político y los conflictos de interés.
De ahí nuestra pregunta (¿retórica?) del título. ¿Cuáles son las reglas para mantener los mercados en competencia?