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¿Qué será lo próximo?

| Menorca |

Nunca lo habría pensado pero viendo lo que veo he tenido que llegar a la conclusión que el sexo y la política no se llevan bien. En las últimas semanas esto ha sido un sinvivir. Ahora va a resultar que al presidente Sánchez, verdadera ave fénix de la política, no lo va a echar el cansino latiguillo del «márchese» que Aznar patentó contra González y que Feijóo tiene en su agenda parlamentaria y mitinera, a Sánchez podría mandarlo a la oposición la bragueta de cuatro «machirulos» desataos que buscan orégano en cualquier monte. Yo es que no alcanzo a comprender tanta «puchinga» desatada. Debe ser que en vez de desayunarse una coca con sobrassada, lo que desayunan es un bocadillo de viagra, es que si no, no se explica. Y además está pasando en otros partidos donde también asoman la gaita los machirulos.

Por el contrario, como si fuera en un aval del saber estar, no he dado con un solo ejemplo de mujeres políticas que por el sexo pierdan el seso atacando a un compañero de bancada o asaltando la barda de las siglas políticas para irse a ligar con uno de los de «y tú más» aunque bien mirado me parecería hasta bonito que una política y un político que militan en partidos diferentes de aquellos que se llevan como perro y gato, un buen día juntaran los peines estando en bancadas diferentes en el hemiciclo pero viviendo en la misma casa, guisando en la misma cocina, comiendo en la misma mesa y durmiendo, o lo que se tercie, en la misma cama. La vida les ha juntado aquello que las matemáticas de los votos desunió, que en algunos casos incluso anestesian la cordura y afilan el aguijón de la insidia, la vulgaridad, cuando no la ruinosa hipocresía.

Al PSOE parece que le haya atacado el virus de una mala peste, la de la corrupción y la del sexo, donde están teniendo un verdadero tsunami sexual para lo que no hay mascarilla que proteja de esa epidemia a juzgar por los muchos casos que inundan los telediarios y los titulares de los periódicos, al extremo de que el personal ya del todo perplejo, se pregunta «qué será lo próximo». Unos millones de acá o de allá o un ataque sexual, un político con clase sabe qué peligro puede correr asomándose al barranco que dejan un par de botones de una camisa que no están en su sitio. Se lo digo por experiencia, ese es un barranco al que es peligroso asomarse.

Por ahí se andan quienes ignoran la aritmética parlamentaria que les colocó en la oposición. Que se lo pregunten a doña Cuca Gamarra cuando le faltó tiempo para anunciar urbi et orbe que el PP había ganado las elecciones. Luego pasó lo que pasó y vino lo que vino. Ahora, en el paroxismo de lo inaudito, el PSOE puede ir a parar donde años ha lo había colocado doña Cuca Gamarra, pero no por los votos ni por las urnas ni por la corrupción económica sino por culpa de algunos que deberían beber de un botijo con un puñado de pastillas de bromuro dentro y en cualquier caso, en vez de andar defraudando a los votantes ejerciendo de malos políticos, dedicarse a ser representantes de algún puticlub dadas sus actitudes sexuales.

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