Hay una teoría que sostiene que a los americanos les llaman «gringos» porque en la guerra con México, los nativos, los enviaban a su casa con un «green go home». Ya ve usted, las vueltas que da la vida y las palabras. Las mismas vueltas que van a dar las playas de la ciudad de Palma a partir del verano que viene. ¿Y sabe por qué? Pues porque se van a sacar a concurso su concesión pública con la novedad de que a partir de ahora se va a premiar determinados estándares de calidad, lo que viene siendo que sean más bonitas, y caras, por supuesto. Tiene lógica que Palma, y sobre todo, la gran Playa de Palma, que está apostando por turismo de mayor poder adquisitivo, aparque de una vez por todas, el modelo de sombrilla y tumbona de colorines, reminiscencia icónica de los años del boom turístico. Ya hay quien empieza a criticarlo antes de que llegue, como siempre.
No obstante, mientras, sobrevuela por el Ayuntamiento el temor a que se instalen en la ciudad las malas praxis de determinados empresarios con concesiones que pujan muy al alta, para ganar el concurso y después remolonear con el pago del canon. Que se lo pidan a Calvià, Son Servera o Ses Salines. El papel todo lo aguanta, pero prometer sin meter la pasta en el consistorio es un pufo que habrá que evitar en Palma. Seguro que algún exalcalde sabe bien de qué va esto y no lo quiere para Palma.