La historiadora Fanny Tur Riera acaba de publicar un artículo sobre los daños contra el patrimonio religioso que sufrió la Ibiza republicana durante la Guerra Civil. En él revela la incapacidad del poeta Rafael Alberti para proteger la Catedral de Vila, un logro que se le había atribuido. Según esta investigación, este templo fue también gravemente saqueado. Los daños ascendieron a 228.000 pesetas de la época. Eso sin contar la documentación eliminada porque, como explica Tur, «también fueron quemados algunos archivos parroquiales y se perdió una información muy valiosa para la reconstrucción de vidas y hechos». Hechos análogos ocurrieron en el resto de la zona republicana.
Cuando Ibiza fue ocupada por las milicias antifascistas catalanas y valencianas el 8 de agosto de 1936, comenzó el saqueo de los edificios religiosos, ya fueran iglesias, conventos o colegios. La peor parte se la llevó la iglesia de San Salvador de La Marina, antes Sant Elm, en la capital de la isla, que fue totalmente quemada. Como explica Tur, los templos acabarían siendo reconstruidos, «pero por el camino desaparecieron muchas obras artísticas, algunas de gran valor». En esas primeras horas de la conquista apareció el poeta comunista Rafael Alberti, que llevaba casi un mes escondido en una cueva. Su mujer recordaría que oyó «gritos» en la Catedral porque el poeta estaba discutiendo con los milicianos para evitar que quemaran obras de arte. Ahora sabemos que su éxito fue relativo.
En la Menorca republicana ocurrió algo parecido. Como explica la periodista Laura Jurado, en esta isla se dañaron 30 templos. El caso más extremo fue el de Santa Clara de Ciutadella, que quedó totalmente destruida. En la Catedral se destruyeron obras por valor de dos millones de pesetas de la época y luego el espacio fue convertido en almacén de abastos, como la mayoría de parroquias.
En Mallorca fueron saqueadas las iglesias de los dos únicos pueblos ocupados por los milicianos: Porto Cristo y Son Carrió. El Obispado también denunciaría los ataques padecidos en los meses previos a la Guerra Civil. Afirmó que se habían intentado incendiar las parroquias o conventos en Campos, Llucmajor, Mancor y Palma. En la capital trataron de quemar Sant Jeroni y San Jaime. Otra de las acciones que más molestó fue el cierre de la capilla del cementerio municipal de Palma por parte del alcalde, Emili Darder. Además, denunciaron que durante la República «varios párrocos fueron multados por gobernadores o alcaldes por ejercer actos de culto. Hubo sacerdotes detenidos y encarcelados [como el de Montuïri]. Se prohibieron toda clase de manifestaciones de culto, incluso con grosería».
Después, el bando franquista ajustaría cuentas con los causantes de estos ataques y lo hizo con tal virulencia que se llevó a algunos inocentes por delante. Un ejemplo es el asesinato en Ibiza de Bárbara García Doreto. Tenía 29 años y era madre de una hija de solo 4. No tenía ninguna significación política. Sin embargo, alguien la acusó de haber participado en el saqueo de la iglesia de Sant Miquel. Decían que había robado la ropa y las joyas de la Virgen. Unos falangistas la asesinaron el 2 de octubre de 1936 y cuatro días después descubrieron que se habían equivocado porque encontraron al verdadero culpable. Bárbara era inocente. Su cuerpo sigue desaparecido.