Un trabajador de asistencia a personas con movilidad reducida (PMR) del aeropuerto de Palma denuncia que su empresa le está haciendo «la vida imposible». El hombre, que no quiere desvelar su identidad y al que llamaremos Pedro, asegura que desde el fallecimiento de su esposa el pasado día 30 de enero, a las dos de la madrugada, está sufriendo presiones por parte del departamento de recursos humanos para cambiar sus condiciones laborales.
Pedro lleva cerca de veinte años vinculado al servicio de PMR en Son Sant Joan, aunque las empresas adjudicatarias han ido cambiando con los años. Durante la última década trabajó en turno fijo de 5 a 13 horas, una adaptación que, según explica, le concedieron para poder cuidar de su mujer, dependiente durante 28 años.
«Me dieron ese turno porque estaba tomando medicación por ansiedad y tenía que hacerme cargo de ella. He estado diez años así sin ningún problema», relata.
Sin embargo, tras el fallecimiento de su esposa, asegura que la empresa le comunicó verbalmente que debía pasar a turnos rotativos. «No han pasado ni ocho o diez días y ya me están llamando. Me dicen que ya no puedo seguir con el mismo turno, que ahora tengo que rotar», afirma.
La empresa adjudicataria del servicio de PMR en el aeropuerto de Palma ha desmentido con contundencia la versión del trabajador, aunque sí que admite que el pasado miércoles un abogado de la empresa y varios integrantes del comité de la misma se reunieron con representantes de la víctima para abordar el conflicto.
El trabajador, que actualmente se encuentra de permiso tras haber solicitado días de vacaciones y con un cuadro depresivo que, según él, «es de caballo», sostiene que no ha recibido por escrito los motivos del cambio. «Primero que me lo den por escrito y que me expliquen por qué me lo quieren quitar», reclama.
Conflicto familiar y despidos
Pedro también denuncia un clima de hostilidad hacia varios miembros de su familia que han trabajado en la misma empresa. Asegura que en los últimos años fueron despedidos su hijo —que posteriormente logró la readmisión por considerarse el despido nulo—, su hija y recientemente su nuera.
«El día 21 echaron a mi nuera y el 26 comunicaron que hacía falta gente», explica. Según su versión, la trabajadora realizaba labores de limpieza y apoyo en el servicio de sillas de ruedas. El empleado considera que existe un trato discriminatorio dentro de la plantilla. «Ahí hay clanes familiares y a otros nos lo ponen más difícil», sostiene.
Baja médica «bloqueada»
Otro de los episodios que relata tiene que ver con su situación médica. Afirma que, tras una confusión administrativa, llegó a trabajar mientras constaba oficialmente de baja. «Fui a la médica porque no me llamaba y me dijo que estaba de alta. Me fui corriendo a trabajar. Luego otra doctora me dio la baja y estuve un mes y pico trabajando estando de baja sin saberlo», asegura.
Según cuenta, esta situación habría derivado en un «bloqueo» de su incapacidad temporal que le impide volver a coger la baja pese a su estado anímico actual. «Estoy destrozado. No tengo ni ganas de contraatacar. Con lo que me está pasando por la cabeza…», confiesa.
Posibles acciones legales
El trabajador ha contactado con un abogado laboralista y no descarta emprender acciones judiciales. «Quiero estudiar si puedo poner una querella por acoso. Que me paguen lo que me corresponda y me voy. No quiero ser ningún problema», afirma.
Además, señala que dispone de documentación sobre supuestas irregularidades en el servicio, tanto en el trato a trabajadores como a personas con discapacidad, aunque prefiere no detallar estos extremos hasta consultar con su letrado.
Apretad ahora todo lo que podáis y más porque cuando entren aquellos que quieren una reforma laboral igual al a Argentina lloraremos todos. Este señor no tendrá opción ninguna a debatir o a exigir con la empresa, tiempo al tiempo.