La huella dejada en la Isla por el escritor neerlandés Cees Nooteboom, considerado una de las grandes figuras de la literatura europea contemporánea, es notable. Y fruto de esa relación, y como homenaje a quien nos dijo adiós el pasado mes de febrero, la revista «S’Auba» ha organizado para este sábado en la Biblioteca Pública de Sant Lluís (19.30 horas) un encuentro para recordar su memoria y su legado.
Bajo el título de «La veu de Nooteboom», el acto consistirá en una lectura colectiva de fragmentos de diferentes libros del autor, y en el mismo participarán la mayoría de los autores que escribieron artículos para el libro homenaje «Menorca a Nooteboom». Un título que precisamente fue publicado por la revista «S’Auba» en 2018 como reconocimiento al escritor neerlandés, quien en 1965 compró una casa en el municipio de Sant Lluís como segunda residencia. Un lugar en el que pasó largas temporadas y donde escribió gran parte de sus libros.
El director de «S’Auba», el periodista Toni Seguí, explica que un escritor de la talla internacional de Cees Nooteboom representa «un verdadero lujo» para Menorca «por el hecho de que su prolífica, variada y reconocida obra literaria está íntimamente unida a la Isla», no solo como espacio físico y lugar de trabajo para dar vida a la mayoría de sus libros, «sino también porque Menorca se convierte en protagonista en varios de sus libros. Nooteboom ha puesto Menorca en el panorama literario mundial».
El autor ha dejado huella en la Isla, pero ¿qué representaba esta para él? «Como él mismo aseguraba, era su refugio de verano donde encontró la tranquilidad necesaria para escribir: durante los primeros años solo estaba en la Isla durante un mes y con el tiempo llegó a quedarse hasta tres meses», relata el periodista, quien recuerda que Nooteboom visitó por primera vez España con poco más de 20 años en la década de 1950. Volvió muchas veces más, y con los años también viajó por los diferentes países de Europa, por Japón, por Hispanoamérica... «pero después de recorrer miles de kilómetros, siempre tenía la necesidad vital de regresar a Menorca, ‘mi isla’ como solía denominarla. Porque desde que en 1965 conoció la Isla se quedó enamorado de ella, de su clima, de su paisaje, de sus gentes, de sus monumentos prehistóricos...», recuerda Seguí.