Marcos de Quinto (Madrid, 1958) no dejó indiferente a nadie en su conferencia sobre la problemática de la vivienda en el acto institucional de Sant Antoni. Si su elección ya había sido muy cuestionada por la oposición debido a su liberalismo exacerbado y sus ideas como economista y expolítico -fue diputado de Ciudadanos- el contenido de su charla, sin un solo folio escrito, incorporó afirmaciones que encresparon a la izquierda, tras sufrir el boicot de los dos consellers de Més antes de que tomara la palabra.
A pesar de que el titular de Cultura, Joan Pons Torres, se esmeró en justificar la elección por su brillante trayectoria cuando le presentó, refiriéndose a la vinculación de De Quinto con Menorca, la disertación no tuvo referencias concretas a la Isla -«no conozco el problema aquí», dijo- aunque cuenta con bagaje sobrado para argumentar el diagnóstico de la crisis y sus radicales postulados liberales para remontarla.
En contra de las trabas burocráticas, la fiscalidad y la falta de seguridad jurídica, que retiran el interés de los promotores para construir vivienda, De Quinto lo comparó con la última etapa del régimen anterior. «En los 70 todo era más fácil, en 35 años se hicieron 4 millones de pisos públicos, el salario medio era de 32.000 euros al valor de hoy, y no había IRPF ni IVA». La vivienda entonces «no era un problema».
Al hilo subrayó que el Estado recaudó el año pasado 53.000 millones en los impuestos, «el 40 por ciento del coste de las viviendas son impuestos», dijo, para recordar que de las 700.000 viviendas que se prometieron «no se ha construido nada porque no hay incentivo ni interés para invertir».
No es de extrañar que el promotor opte por invertir en el mercado de activos «porque no se los van a okupar, ni pagan IBI anual, ni van a topar su rentabilidad; te llaman gran tenedor si tienes 10 apartamentos, pero no si compras acciones». Es por ello que «la vivienda compite en inferioridad de condiciones con el mercado de activos».
Agravio comparativo
En un ejemplo local se preguntó por qué un menorquín que ha heredado miles de acciones y una finca de su bisabuelo puede vender las primeras con una enorme revalorización, pero si vende la finca a un francés está especulando. «Eso es libertad, no impedir a la gente que haga lo que quiere». Esa libertad choca con las políticas sociales, «no hay nada mejor en política que convertir los deseos en derechos que se traducen en votos», razonó.
De Quinto abogó por la cultura del esfuerzo con su propio ejemplo, «si yo me he matado a estudiar y trabajar sábados y domingo y he ganado dinero, ¿por qué lo único que hay que repartir es lo mío?», se cuestionó en medio de una alocución que, muy probablemente, seguirá dando que hablar.
VictorO sea, si tienes una segunda residencia para vacaciones, fines de semana, etc, etc, y te la okupan .... no pasa nada, te vuelves a la habitual y tema solucionado. 😳 No me extraña que con éste grado de "discernimiento" el país tenga los representantes que tiene.