Esta es la crónica de una crisis anunciada. La insuficiencia de las infraestructuras eléctricas y la sobreabundancia de instalaciones de generación renovable están poniendo en serios apuros a los promotores de parques solares. La incapacidad de la red para dar salida a tanta generación verde, en una isla con una demanda marcadamente estacional, se está traduciendo en severos recortes en la producción renovable, cuyo potencial está siendo gravemente desaprovechando, con consecuencias medioambientales y económicas.
Los importantes curtailments (la limitación forzada de la producción ordenada por el operador del sistema, Red Eléctrica) están cayendo como bombas en la línea de flotación de los productores más pequeños, que ya han empezado a registrar pérdidas y van a sudar tinta para poder hacer frente a sus obligaciones financieras.
La problemática está afectando a todo el sector fotovoltaico de la Isla –aunque, como es habitual, con más virulencia al pez pequeño– y en los próximos meses se va a agravar seriamente. El año pasado los recortes en la producción ya supusieron una limitación media anual de más del 20 por ciento respecto al potencial de megavatios hora que las plantas en funcionamiento son capaces de volcar a la red. Y ya está ‘encargada’ más leña para avivar el fuego.
Este marzo está previsto que –tras más de dos años construido y a la espera– se conecte al sistema la planta Agrisolar de Es Mercadal, con una potencia pico instalada de 20 megavatios (MW). En paralelo están en avanzada fase de construcción el Menorca Renovables II, en Maó, y el Menorca Renovables III, en Es Mercadal, que suman más de 80 MW. Eso son más de 100 MW que vienen a agravar al colapso que se está generando en esta primera fase de la transición energética de Menorca.
El gran temor –más bien una ominosa certeza– es que este año, con la entrada de nuevos productores en el sistema, los recortes pueden llegar a alcanzar el 80 por ciento en las épocas de menor demanda, fuera de los meses de julio, agosto y septiembre. Se estima que los curtailments pueden suponer una media anual de más del 50 por ciento de la generación. Dicho de otra forma, el operador del sistema va a capar más de la mitad de la generación renovable. El motivo es que hay demasiada producción para la demanda de la Isla y el cable existente –que permite evacuar parte la sobreproducción a la Isla vecina– solo se opera por seguridad a un tercio de su capacidad de transporte. Si se exprimiera al cien por cien, un fallo en la red de alta tensión o un descenso repentino de la generación renovable serían una amenaza para la estabilidad del sistema. Podría derivar en lo que se llama un cero energético, un gran apagón. No obstante, voces del sector se muestran críticos con la posición excesivamente conservadora del operador del sistema.
La delicada situación para el sector renovable está en vías de solución, con una importante inversión pública de alrededor de 280 millones de euros, en parte ya en ejecución. Sin embargo, los proyectos anunciados se están retrasando. Las baterías que Red Eléctrica está instalando junto a la subestación de Es Mercadal van a permitir incrementar la operativa del enlace submarino actual. Esta infraestructura, que se anunció inicialmente para 2025 y ahora no se prevé que esté plenamente operativa hasta 2027, está llamada a desahogar la producción renovable insular, que podrá ser exportada en mayor medida a Mallorca. Está por ver si el aumento de la operatividad del cable actual –el segundo no se espera, si todo va sobre ruedas, hasta entrado el 2030– va a ser suficiente para desatascar la tremenda congestión y si, por el camino, todos los productores habrán podido resistir el chaparrón.
Pérdidas
«Nosotros el año pasado ya cerramos en pérdidas, esto es una vergüenza, dan licencias de parques alegremente y luego nos capan la producción». Es la voz de alarma que lanzan desde el parque Royal Son Bou, el primero de la nueva hornada de plantas fotovoltaicas que han abierto en la Isla desde 2023. «Hicimos una inversión de 1,3 millones, aún no hemos tenido beneficios y en el segundo año ya son pérdidas». Se quejan además lo arbitrario de la normativa que no les permite recurrir a la planta para el autoconsumo de su establecimiento hotelero porque no se encuentra dentro del radio máximo.
No es un testimonio excepcional, ni mucho menos. Desde la empresa Menorca Sol 2006, que gestiona el parque de Binissafúller, inaugurado en 2008, ponen en grito en el cielo por lo que está ocurriendo. «Nos están limitando la producción hasta un 30 por ciento, eso hace que no podamos llegar al mínimo para obtener las primas y encima nos penalizan las horas de precio negativo de la Península. Así no cuesta mucho hacer frente a los pagos».
‘Curtailments’
La tesitura pone en riesgo la supervivencia de una de las raras excepciones en que el capital de la empresa productora es menorquín. Lo mismo relatan los promotores del viejo Son Salomó, el primer parque solar que abrió en la Isla, también en 2008. La queja por los cortes de producción llegan también desde los promotores de los parques de Ses Vinyes I y II (Es Mercadal) y de Rafal Sun (Ciutadella), desde donde reportan balances de curtailments de alrededor de un 30 por ciento. No hay aquí excepciones ni para los pioneros en la generación renovable ni para las pymes del sector a la hora de distribuir los recortes en la producción, que se reparten con el mismo criterio en función no de la potencia instalada, sino de la producción, que para su gestión obligan además a fuertes inversiones para instalar sistemas de telemedida.
Todos los productores están tratando de capear el temporal. También las grandes empresas, que están viendo mermadas sus expectativas de facturación, con limitaciones que en el caso más extremo suponen el desperdicio de 15.000 megavatios hora anuales. Para hacerse una idea de lo que supone esa energía verde perdida: supone la producción de tres años buenos del antiguo parque eólico de Milà.
Exceso de parques solares, exceso de hoteles rurales, exceso de turismo, exceso de coches, exceso de basura, exceso de vivienda turística, exceso de autocaravanas, a esto tenemos que añadir la falta de agua, falta de vivienda asequible, está es la situación actual de Menorca. O decrecemos o nos undimos.