El Govern le está echando un pulso al Ministerio para la Transición Ecológica a propósito de la energía eólica marina en aguas de Balears y no deja pasar ninguna oportunidad –por peregrina que sea– para rechazar el desarrollo de esta tecnología frente a la costa noreste de Menorca, la única zona declarada apta en el Archipiélago, a través de informes de su Servicio de Asesoramiento Ambiental. El último ejemplo de esta estrategia es el informe que acaba de emitir hace unos días en relación a la propuesta de planificación de la red de transporte de energía eléctrica para el horizonte 2030, el plan de inversiones que deberá ejecutar Red Eléctrica en los próximos años, un documento que todavía no es público pero en el que, por ejemplo, ya se ha avanzado que figurará el segundo enlace submarino con Mallorca.
El propio Servicio de Asesoramiento Ambiental del Govern reconoce que la nueva planificación energética «no hace especial referencia al desarrollo de proyectos de generación renovable por eólica marina en Balears», lo que no impide que en el informe dedique todo un apartado a esta tecnología, aludiendo a informes pasados del organismo balear en los que «no se recomienda la implantación de instalaciones de energía eólica que se pueden plantear en estas áreas», en referencia a los 225 kilómetros cuadrados que, divididos en dos zonas al noreste y al este de la Isla, fueron declarados como de alto potencial en los llamados Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) aprobados en 2023 por el Ministerio para la Transición Ecológica. Una se sitúa a unos cinco kilómetros de la costa noreste de la Isla en su punto más cercano a tierra, y la otra a unos 10,6 kilómetros de la punta de La Mola de Maó.
La declaración de alta aptitud de estos espacios despertó el interés del sector de las renovable y dos promotores presentaron sendos planteamientos iniciales de proyecto para instalar parques de eólica marina. El Ministerio realizó una consulta entonces al Servicio de Asesoramiento Ambiental del Govern simplemente para conocer el alcance de las declaraciones de impacto ambiental que deberían presentar los promotores en la futura tramitación. Ahí el órgano del Govern sorprendió yendo mucho más allá de lo que se le pedía para oponerse frontalmente a su implantación, por más que –cabe recordarlo– la competencia para su autorización es del Ministerio al tratarse de aguas estatales. Ahora vuelve a la carga con motivo de la planificación energética, con argumentos ya expresados con anterioridad como que estas zonas están cerca de lugares de la Red Natura 2000 y que hay una posible afectación a especies protegidas como la pardela balear.
Por todo ello concluye reclamando que el criterio de sostenibilidad que rige la evaluación ambiental de instalaciones de energía eólica marina «no se centre únicamente en la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera y que se priorice la protección de los hábitats marinos y de las especie protegidas asociadas». Recuerda su oposición a los proyectos mencionados, bautizados como Gregal (180 megavatios) y Tramuntana Wind (240 megavatios) y el argumento de que este tipo de tecnología no está contemplada en el Plan Director Sectorial Energético de Balears, aprobado –cabe subrayarlo– hace ya diez años.
Menorca quiere todos los beneficios y ninguna carga. Ya va siendo hora de sacar partido a ese viento insoportable que asola la isla y compartir la energía generada con el resto del estado.