El desprendimiento de algunas rocas en determinados puntos del acantilado que se impone sobre el puerto de Maó, lo que se ha sucedido este año más allá de lo anecdótico, ha puesto en alerta a APB y Ayuntamiento. También al tercer eslabón que ostenta la titularidad y responsabilidad directa de varios tramos que comprenden el accidente geográfico: los propietarios de casas particulares que se alzan en el mismo.
Aunque dentro de este segmento, dado que de tanto en cuando cede alguna teja o piedrecita, ya existía «cierta preocupación», precisa Alberto Moreno, propietario de una firma que se dedica a trabajos verticales radicada en Sant Lluís, lo que ha incluido diversas acciones en la zona en los últimos tiempos, los acontecimientos más recientes han multiplicado el alarmismo.
El acantilado, de treinta metros de altura y un par de kilómetros de ancho, acumula varias zonas que en términos de derrumbe podrían calificarse de conflictivas. Se trata, fundamentalmente, de los tramos en que más se ha desarrollado y crecido la flora, sobre todo higueras y matorrales.
«Son puntos en los que si a la larga no hay una poda ni se hace nada, la raíz va creciendo por dentro de la roca y la rompe en trozos; un día llueve, se filtra agua tras la piedra o hay un pequeño movimiento de tierra y acaba cayendo algún trozo».
Visibilidad
«El problema es que la vegetación lo cubre todo y las grietas o roturas no se ven, por eso es difícil de detectar», añade Moreno. En la erosión, y rotura y derrumbe de la roca por tanto, también influye «si la roca es más blanda o dura; en algunas partes es muy blanda y se deshace mucho».
La solución más fiable y eficaz, una vez cabe intervenir en alguno de esos puntos conflictivos, «es colocar una malla» una vez se ha llevado a cabo la tarea de limpieza y desbroce. No se trata de una labor compleja, ni que se dilate mucho en el tiempo, que al respecto se invierte sobre todo en el dispositivo de seguridad.
Lo razonable es que un día de trabajo, lo que implica una factura de unos 800 euros, IVA al margen, resulte suficiente para arreglar una zona en la que ha habido desprendimientos.
Mientras, llevar a cabo una revisión rutinaria para tener un diagnóstico del estado de un punto concreto, en lo que ha crecido la demanda en estas últimas semanas del año, exige una media jornada de trabajo y alrededor de 400 euros de coste.
;))👌👏👏👏👏👏👏👏