Ni técnicos ni administración van a correr el más mínimo riesgo que ponga en cuestión la seguridad de los vecinos de la Cala Sant Esteve, de Es Castell, apenas una semana después de que uno de ellos perdiera la vida por el desprendimiento de una roca de 20 toneladas sobre su casa. Tanto es así que, aun sin tener el informe geológico de los técnicos de RiscBal que hicieron volar el dron con cámara de infrarrojos sobre el acantilado al día siguiente de la tragedia, el Ayuntamiento confirma que el regreso de los vecinos a su casa va para largo.
La probabilidad de que así sea tiene como base la apreciación de al menos otra roca, de tamaño incluso superior a la que se desprendió la pasada semana, que presenta grietas y, por tanto, ofrece un peligro latente. «Es cierto que en diferentes zonas se han detectado riesgos porque parecen más sensibles», admitía ayer el alcalde, Lluís Camps, a la espera del trabajo de los técnicos de la UIB, de acuerdo con el Govern.
Una primera lectura del visionado, que todavía debe continuar siendo analizado por el equipo de técnicos antes de que se establezcan las conclusiones definitivas que permitirán la toma de decisiones más adecuadas, revela el riesgo de que al menos esta roca se viniera abajo. Se trata de la situada sobre la casa contigua a la siniestrada, en dirección al mar. Sin embargo las grietas de esta piedra que en apariencia son más visibles al exterior podrían aparecer también en otras a lo largo del acantilado que corona los ocho edificios existentes. De ahí que, en la toma de decisiones, según indique la conclusión de los especialistas, puedan verse afectadas la práctica totalidad de estas casas que albergan varias viviendas en cuanto a su habitabilidad.
«Somos conscientes de que existe un peligro y hemos de velar por la seguridad de las personas, de ahí que adoptemos todas las medidas preventivas que sean necesarias», explica el primer edil de Es Castell. Por tanto, los vecinos de la cala que fueron desalojados de sus casas el mismo día del trágico siniestro empiezan a asumir todo tipo de posibilidades respecto a sus propiedades.
Quizás esa misma espera es la que retrasa por ahora la retirada de la roca que atravesó el número 54 de la Cala Sant Esteve. Se trata de una cuestión compleja de orden jurídico que implica a la familia titular de la casa siniestrada, al grupo Cala San Esteban SL, una promotora inmobiliaria administrada al completo por la familia Grifols, que hace un año compró más de 53.000 metros cuadrados de terreno protegido en los alrededores del Fort Marlborough, adyacentes a la urbanización de la cala, y las administraciones quienes deberán ponerse de acuerdo para decidir quién y cómo hacerlo, siempre que no se tome ninguna otra decisión.
YOAntes de construir el chaletazo , desbrozaron toda la zona protegida y luego dos enormes máquinas picando la piedra del acantilado......retumbaba toda la cala y así fueron un par de meses mínimo.....y un sin fin de cosas más, según sé los dueños son los mismos que compraron los 53000mt2 de arriba, familia poderosa catalana. En fin.....quien vendió y quien dió permiso de construcción?????, denunciaron los vecinos?????.