El día después de la tragedia por el desprendimiento de una roca de 20 toneladas en la Cala Sant Esteve, con el resultado de una víctima mortal, amaneció soleado, en disonancia con las consecuencias del siniestro, del que daba fe un sencillo ramo de flores, situado en el suelo junto a la entrada de la casa donde vivía el hombre de 66 años que perdió la vida en el acto.
La incidencia ha resquebrajado la calma característica de este apacible rincón de Es Castell, transformada en desasosiego porque los vecinos residentes en las ocho casas desalojadas a causa del grave accidente desconocen cuándo podrán regresar a sus domicilios.
«Calculo que habremos de dormir fuera durante una temporada», aventuraba resignado Ramón Saura, presidente de la comunidad de vecinos de la cala, a partir de la información facilitada directamente por el alcalde, Lluís Camps. La mayoría de los residentes se han podido reubicar en inmuebles de familiares u otros propios, aunque el Ayuntamiento mantuvo su ofrecimiento para darles acogida si lo necesitaran.
Algunos, contrariados, fueron personándose a lo largo de la mañana para poder acceder a sus casas y recoger otras pertenencias cuando ya el paso había vuelto a ser restringido por los técnicos de Emergencias del Govern a ese lado del enclave. Lo mismo hicieron habitantes de la casa perforada por la roca, acompañados por bomberos, alcalde, ingeniero y arquitecto municipales que inspeccionaron el exterior de la vivienda.
Informe de RiscBal
Será necesario contar con el informe que elaboren los dos técnicos del Centro de Observatorio de Riesgos Naturales y Emergencias de las Illes Balears (RiscBal) una vez hayan procesado y analizado toda la información captada ayer por el dron específico con el que se desplazaron a la Isla.
El dispositivo está equipado con un sensor que lanza puntos continuados sobre el despeñadero y recoge muestras en tres dimensiones de toda la pared de la cala. Miquel Llompart, técnico superior de RiscBal, explicó que con todos los datos recogidos «intentaremos detectar posibles discontinuidades en bloques que sean potencialmente peligrosos y puedan caer». En todo caso, el análisis de las imágenes para que el equipo las procese, pueda extraer conclusiones y las detalle a las administraciones no será inmediato, señaló el técnico.
Hasta entonces, por razones de seguridad, los residentes que se mantienen en la cala en invierno no podrán alojarse en las casas del entorno de la siniestrada. El primer edil de Es Castell señaló, incluso, que si las imágenes del dron advirtieran algún otro peligro se ampliaría la zona desalojada, sin poder precisar el número de personas que se ven afectadas puesto que varios edificios comprenden más de una vivienda, como sucede en la que cayó la gran roca.
Falta de cobertura
El comentario generalizado entre algunos de los vecinos abundaba ayer en los problemas por falta de cobertura telefónica que padecen desde hace 13 meses y que incidió en el retraso de la comunicación del siniestro. El alcalde explicó al respecto que el mismo martes insistió ante la Autoridad Portuaria de Balears para buscar una solución que sea definitiva y segura para los residentes, con urgencia.
La discrepancia responde a que en esa misma ubicación hay diferentes antenas en una instalación cedida por la APB, que dan cobertura a cuestiones de tráfico marítimo, entre otras, «y por tanto deben ser supervisadas por técnicos de los diferentes organismos para dar garantía de que no entran en conflicto por interferencias». La reparación de la que eliminaría el problema en la cala está pendiente de la autorización de la APB desde hace aproximadamente un año.
Obras del alcantarillado
El desprendimiento de la roca, por otro lado, obliga a realizar una actualización en torno a la ejecución de las obras que se había previsto para dotar de alcantarillado a la cala este mes, durante los siete próximos, según el plazo de ejecución.
Los trabajos a cargo de la constructora adjudicataria, EHM, debían comenzar desde la estación de bombeo situada junto al cementerio hasta la entrada de la bocana de la cala. Responsables de la empresa ya han indicado al Ayuntamiento que difícilmente se puede abrir la zona de la cala para ubicar un depósito de impulsión de aguas residuales debido a las dudas sobre el estado del acantilado.
Lluís Camps señaló que debido al lamentable suceso, las obras se iniciarán desde el cementerio hasta la entrada de la urbanización en el lugar donde no exista ningún peligro, «así ganaremos días para clarificar la toma de decisiones que nos aconsejen los técnicos». La máquina de gran tamaño que debía iniciar paralelamente el trabajo para abrir la zanja dentro de la cala, no lo hará por el momento.
illencaLas raices no, los culpables son meter una casa debajo de una cornisa. Sin quitar esta o fijarla con una red metalica como en la montaña.